¿Qué es el “tiburón mega boca”?
El animal se llama científicamente Megachasma pelagios. Es un tiburón con boca extremadamente grande, especializado en filtrar zooplancton y pequeños organismos marinos, de forma parecida al tiburón ballena o al tiburón peregrino.
Su cuerpo es alargado, con aletas pectorales largas, ojos grandes, aleta dorsal corta y aleta caudal larga. Su color dorsal es grisácea parduzca o negruzca, y ventral más clara.
Es una especie extremadamente rara: desde su descubrimiento en 1976 —cuando fue hallado por primera vez en Hawái— se tienen muy pocos registros globales.
¿Qué pasó recientemente en Perú?
A fines de noviembre de 2025, un ejemplar de tiburón megaboca apareció varado en la costa de la playa Los Negritos, en el distrito de Talara (provincia de Piura), al norte del país.
En lugar de mantenerse protegido como un hallazgo científico valioso, el ejemplar fue fileteado por pobladores locales —los cortes y trozos se llevaron en un acto que muchos califican como irresponsable e indignante.
Según quienes presenciaron el hecho y lo denunciaron, ninguna autoridad ambiental, de Capitanía o serenazgo intervino a tiempo para resguardar al animal.
¿Por qué esto es un problema?
Cada ejemplar de megaboca es extraordinario desde el punto de vista científico — su rareza hace que cada hallazgo represente una oportunidad única para estudiar su genética, ecología, dieta, salud, contaminantes, etc.
Al filetear el tiburón sin supervisión ni control, se perdió ese valor científico: ya no hay posibilidad de hacer un análisis adecuado que aporte conocimiento sobre esta especie tan poco documentada.
Además, existe preocupación por la falta de conciencia ambiental y educación sobre fauna marina en la zona. Muchos vecinos lo vieron como “carne gratis”, ignorando que podían dañar irreversiblemente un recurso valioso — ecológico y científico.
Reacción del mundo científico / ambiental
Un biólogo marino peruano, Cui Corrales, criticó duramente lo ocurrido — en redes resumió el suceso con la frase “Lo hicieron ceviche”, calificándolo de “caricatura” por haber destruido una de las muestras más importantes para la biología marina en años.
Expertos lamentan que este tipo de incidentes evidencien una falla recurrente: ausencia de protocolos claros en zonas costeras para responder al hallazgo de fauna marina rara o varada. Esto no solo pone en riesgo la biodiversidad, sino que disminuye la posibilidad de documentar y conservar especies que podrían estar amenazadas.
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